LAS DOS VISITAS DE JULIO VERNE A VIGO

LAS DOS VISITAS DE JULIO VERNE A VIGO

Tuvieron lugar en 1878 y 1884.

Lo llamativo es que en Junio de 1878, en su travesía hacia el Mediterráneo a bordo del Saint Michel III (en la imagen), Julio Verne no tenía intención de hacer escala en la Ría de Vigo donde se encontraba el estrecho de Rande que el capitán Nemo había visitado con su Nautilus – “Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino” fue publicada en 1870 – para rescatar los tesoros y así financiar sus viajes.

Sorprendentemente, el escritor bretón no parecía demasiado interesado en conocer el lugar que él mismo había descrito. De hecho, el barco de Verne, un velero de dos palos y máquina de vapor de 25 caballos de potencia, con una eslora de 31 metros, entró en la Ría con el único propósito de refugiarse de un temporal que azotaba las costas de Galicia.

UNA ESCALA NO PREVISTA QUE RESULTÓ UN ÉXITO

Mientras el día uno de Junio de 1878 el Saint Michel III aparecía por la boca norte, la fragata francesa Flore lo hacía por la sur, coincidencia que tendría su importancia, pues fueron los oficiales del navío de guerra francés quienes, posteriormente, mediante una embarcación auxiliar, llevarían a Verne a conocer el estrecho de Rande.

El escritor quedó encantado de su casual visita y así lo hizo constar en una carta que envió a su amigo Raoul Duval:”No podéis imaginar nada más admirable que esta bahía de Vigo, lago inmenso rodeado de montañas (…)”

Mientras que en su característica letra pequeña y enrevesada, muy ahorrativa de papel, en su minucioso diario donde anotaba con un estilo telegráfico sus paseos y los actos sociales a los que asistía, citando a Monsieur Tapias, que era Francisco Tapias Pascual, viceconsul de Francia al tiempo que uno de los prohombres vigueses de la época; y al general Llorente, comandante de la plaza, que fueron sus principales anfitriones, los encargados de agasajarle junto con Manuel Bárcena, presidente de la sociedad La Tertulia.

La estancia de Verne en nuestra ciudad duró cuatro días, transcurridos los cuales el Saint Mitchel III partió rumbo a Lisboa.

SEGUNDA VISITA Y CAFÉ EN LA PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN

Esta posterior recalada del escritor se produjo seis años más tarde, en Mayo de 1884, cuando de nuevo navegaba rumbo al Mediterráneo. Y, al igual que en la ocasión anterior, tampoco estaba programada, sino que se produjo para solucionar un pequeño problema con la caldera del Saint Michel III.

Como Verne refleja en sus diarios y Eduardo Rolland recoge en su libro, Verne, un hombre muy mirado con sus dineros, apunta el coste de casi todo, desde lo que le supuso la compra de carbón para el barco hasta el aprovisionamiento de agua, incluso el precio del café que se tomó en la Plaza de la Constitución. Un café que alabó, por cierto. Y que repitió al día siguiente.

Unos diarios de los que el periodista obtuvo copia en el Primer Congreso Internacional Verniano celebrado en el mes de Septiembre en Barcelona, al que asistieron estudiosos de Verne procedentes de doce países. En la actualidad esos diarios son propiedad del máximo experto verniano reconocido, el italiano Piero Gondolo della Riva, quien se los compró a la familia del novelista y que permitió a Rolland hacer uso de ellos.

En esta ocasión el Saint Muchel III permaneció tres días en Vigo. A las seis horas del 21 de Mayo levantó anclas y enfiló hacia la boca sur de la Ría.

A los actuales descendientes de Antonio Sanjurjo Badía les sorprenderá saber – por lo menos a algunos – que Julio Verne nunca mantuvo correspondencia con su antepasado. Así lo afirman los principales expertos en el escritor, del que existe una numerosísima documentación epistolar; pero ni rastro de una misiva de Sanjurjo. Se trata de una leyenda familiar que alguien inventó y que se transmitió generacionalmente. Es cierto que en la segunda escala un operario de la industria de Sanjurjo reparó la avería en la caldera del Saint Michel III y que Verne en sus diarios hace una escueta referencia al hecho:”esperando al calderero para la reparación”. En todo caso, se trata de algo irrelevante respecto a la memoria de Sanjurjo Badía, que fue un hombre extraordinario cuya personalidad y trayectoria vital están muy por encima de esta anécdota imaginada, uno de los emprendedores que resultaron decisivos para el desarrollo industrial de la ciudad en la segunda mitad del Siglo XIX y un precursor en avances sociales y laborales aplicados en su propia empresa (cuya historia se puede consultar aquí: ANTONIO SANJURJO BADÍA)

El libro de Eduardo Rolland “VERNE EN LA BAHÍA DEL TESORO” se puede encontrar en la Librería Versus, en el número 80 de la calle Venezuela, al precio de siete euros.

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