El Plan Cabello y el despegue portuario

El Plan Cabello y el despegue portuario

La conexión por ferrocarril del puerto es la noticia que abre el siglo XX. Paralelamente, accede al puesto de ingeniero jefe del Puerto de Vigo Eduardo Cabello, que se convertirá en un personaje capital para el desarrollo de infraestructuras.

Comienzan obras importantes, como el muelle Transversal -que cuenta con una gran línea de atraque-, el edificio de viajeros y sucesivos almacenes portuarios, junto a las primeras grúas para facilitar la carga y descarga.

En 1922, una fuerte galerna lleva contra la costa a dos buques que se hallaban fondeados. Como resultado, quedan arrasados los muelles de madera y de hierro, lo que en una ciudad emprendedora, como era Vigo, se convierte en una oportunidad. La ciudadanía exige el puerto que la urbe merece. Y el Plan Cabello, que suponía el despegue definitivo, se hace entonces imprescindible.

El Plan Cabello

El proyecto incluye dársenas y embarcaderos a lo largo de todo el frente marítimo de la ciudad. Su coste, estimado en 100 millones de pesetas, se considera excesivo, pero un hecho casual viene a facilitar las obras. Una empresa estadounidense acaba de concluir el puerto francés de Burdeos y cuenta con maquinaria usada que pensaba destruir. Su traslado a Vigo haría más económicos los trabajos.

Todo ello hace que, en el primer tercio de siglo, el puerto crezca de forma exponencial. Llega el muelle de costa, en O Berbés, la dársena de Guixar, el muelle de comercio, sucesivos rellenos, un nuevo tendido de vías férreas, se erigen depósitos y se estrena un muelle de trasatlánticos, con estación de pasajeros, que será el escenario de la mayor emigración de Galicia hacia América.

Al tráfico mercante y de pasajeros, se suma la consolidación de Vigo como la gran potencia pesquera de la fachada atlántica europea. La industria conservera se extiende por toda la ría, con una pléyade de fábricas que aprovechan la fuerte demanda interna e internacional.

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